Quise mirar, no para curar, sino para saber.

La herida apareció como aparecen las verdades, sin pedir permiso. Y supe que no desaparecería.

Historia escrita a fuego no en la piel sino en la parte más oscura del alma, donde la memoria no duerme y el perdón no entra.

Destino o accidente. Destino de dolor imprescindible. Accidente que nadie reclamó.

Nada fue nunca lo que parecía. Aún quiero que ese niño no llore por la herida, pero la herida recuerda y vuelve a abrir.

Es necesario el dolor. Dolor para ser. Para merecer una felicidad que no se entrega sin juicio, una felicidad racional, casi injusta.

Quizá, solo quizá, ese sea el sentido de la vida. Herir y ser herido. Dar dolor y cobrarlo con conciencia. Recibirlo y llamarlo aprendizaje.

Causar. Recibir. Ser recompensado. Ser torturado.

Y creer con una fe torcida que la tortura es la única forma honesta de recompensa.