Tengo miedo miedo del miedo y más allá la forma vacía de una pregunta sin labios.

He sido un eco amarrado a la sangre que se disfraza de letra como una camisa con su falda blanca esperando ser desnudada por la mirada de nadie.

Fui libre. O eso creí cuando me encadené a la idea de volar.

Pero ahora lo sé: la libertad se aprende como se aprende a olvidar como se aprende a soltar cuando ya no queda nada.

Y en este delirio niño muerto en el pecho juego a vivir juego a soñar juego a creer que es juego.

Basta. Rompí el espejo donde me veía preso. Fui mi carcelero y también la llave.

Ya no escribo con sangre. La sangre me escribe.