Aplaudo. Sonrío. Rabio. Odio.
Hoy agradezco. Agradezco a las grietas, al filo que me partió, a las manos que mintieron y al fuego que no abriga.
Gracias por este delirio, por este espejismo que soy: dulce, negro, como el veneno que besa y luego calla.
Me río. Me río fuerte. De quien se llama bueno mientras en su bondad se pudre. De la belleza cobarde que se esconde tras palabras suaves.
Bella contradicción, como el niño que finge ser hombre, como el hombre que llora en secreto por no poder volver a jugar.
Sé valiente. Pero no como ellos. Sé valiente como quien ama aunque duela.