Voy corriendo tras una sombra que brilla.

No sé su nombre. No sé su rostro. Quizás es la muerte con manos de niño. O quizás soy yo desdoblado en su reflejo.

La curiosidad me arrastra, como si preguntar fuera el precio de seguir vivo.

Te busco. Te invento. Te quiero real.

Y aunque te alejes, sé que existes en algún rincón de mis preguntas sin respuesta.

Eres la llama que no quema. Eres la celda donde se sueña con la fuga.

Adoro esperarte. Y aún así no espero. Solo abro los brazos como un rito, como un niño que no teme caer dormido en mitad del abismo.