Hoy he encendido la voz que temblaba en los márgenes de mi carne he puesto nombre a los espectros los he escrito en papeles diminutos como heridas plegadas en sí mismas
ardieron. con la lentitud de una confesión con la furia de un animal acorralado
yo miraba como quien mira su infancia desmoronarse como quien se deja morir para nacer en sí
mis manos negras de ceniza no tiemblan más
porque he aprendido que el miedo tiene raíces de humo y se disuelve si lo tocas si lo enfrentas si lo haces verbo
y yo verbo seré verbo fuego verbo vuelo
una página nueva, con alas en lugar de párpados y una voz que no se esconde ni se muerde
hoy comienza el incendio sagrado y yo soy su último testigo y su primer canto.