Me serena el canto de las criaturas, su forma pura de ser, de fluir sin miedo, como fragmentos de una creación divina.

La imaginación se desata, y la realidad delira. Todo se vuelve un estudio del alma, una plegaria hacia la conciencia.

Momento sagrado, simbiosis entre lo que fui, lo que soy, y lo que seré. Corazón y mente, respirando el mismo aire.

Doy gracias por esta oportunidad de existir, por ser cómplice y testigo de la creación que no cesa, del tener y del ser, del querer y del ser querido, del dar y del recibir.

Pido perdón por ser a veces el renglón torcido en tu escritura perfecta, por ser libertad y prisión, oscuridad dentro de la luz, injusto ante la razón, razón frente a lo irracional.

Y pido ayuda, para convertirme en aquel que partió sin necesitar regreso, porque su corazón, su imagen y su pensamiento fueron, al fin, una misma voz, una misma creación divina.