Hoy no agradezco hoy no tiemblo hoy no caigo. Hoy apenas sueño.

Astro sin derrota, centella ausente de mis noches, fulgor que sangra en mis párpados cerrados. Te pienso como se piensa a la herida: persistente, necesaria, bella en su mal.

Tú, que ardes sin clemencia en el delirio inmóvil de los días, tú, que no cesas en tu muerte repetida, tú, el que existe para desaparecer.

Sueño, sí con una luz que no queme, con un silencio que no duela, con tu invencibilidad tejiéndonos más allá de la forma más allá del tiempo como un pacto secreto entre lo que arde y lo que espera.