Los sentimientos, lo menos humano que poseemos, tan animales como el color que tiembla en las alas del día.

El cielo hoy sonríe, las nubes danzan al ritmo de lo que se fue para volver a ser en otra forma, quizá en la memoria, ese lugar donde las cosas respiran sin cuerpo.

Sucedáneo de lo que fuimos, eco de un temblor ya mudo, sombra que se acaricia a sí misma para recordar que existió el fuego.

Y sabes, querido, a veces, en mis delirios, hablo con mi aquel, aquel niño luminoso, tan ingenuo, tan verdadero, que aún creía que los colores eran pureza y los sentimientos, una forma de Dios.