De nuevo ocurre. Aquí estoy. Solamente negro.
Lloro la falta del color, sonrío al nombre nombre del gato negro, aquel que no teme a la noche, aquel que en la noche simplemente es.
Respiro y me escondo. Detengo el mundo, me ahogo, me muestro. Ciclo eterno:
mi delirio oscuro sabe a almíbar quemado. Duele, pero, ¿no es dulce ser animal cuando todo arde?
Miro. El color parece existir ahora.
Una claridad que no salva. Melancolía del bien. Tristeza por lo que fue.
Mi niño eterno: el que reía a la nada, el que cantaba a la nada.
Y ahora no hay nada.
Sólo yo, conmigo.